Casa VIII

La Casa VIII se asocia con el nacimiento y muerte, metafóricamente hablando, de la persona, una muerte a un nivel que luego le permita renacer, transformarse y, por ende, evolucionar y madurar como ser humano. Representa por tanto nuestra capacidad oculta para metamorfosearnos y llegar a ser alguien más completo, el mismo pero más maduro, equilibrado y avanzado. Se quitan por tanto las partes de nosotros mismos que ya no nos sirven, los lastres emocionales y espirituales, lo que nos libera por así decirlo de lo que nos mantiene atados para evolucionar. El nuevo ser reformado, más ligero, con menos bagajes, está listo para emprender una nueva etapa en base a la renovación y evolución del individuo.

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